El hecho fundamental sobre las ideas de la izquierda es que no funcionan. Por tanto, no debemos sorprendernos de encontrar a la izquierda concentrada en instituciones donde las ideas no tienen que funcionar para sobrevivir.
Thomas Sowell
Únicamente insisten en una “estrategia” que comprobadamente conducirá a la derrota, aquellos que medrarán más de tal derrota “propia”, que de una victoria “ajena”… aquellos que temen más la victoria que se les “salga de las manos” que la derrota que controlen. Los que pretenden gobernar manejando los hilos de la influencia, sin arriesgarse con la política real en la calle. Los que se acostumbraron al poder que les llegó por accidente… como inmerecida herencia que han despilfarrado en poco tiempo… y hoy intentan sobrevivir con sus miserias bloqueando todo posible surgimiento de un liderazgo político independiente de su fracasada “influencia”. Para quien no esté jugando eso, no hay razón para dejar de hacer política por todos los medios al alcance, aún en difíciles situaciones, y resulta completamente absurdo insistir en “la unidad de la oposición” tras el inocultable fracaso político de tal “unidad”. El admitir que la “unidad” que se llamaba Coordinadora Democrática de Venezuela, e incluía desde un pequeño partido marxista leninista como Bandera Roja hasta un también pequeño movimiento liberal libertario como Resistencia Civil, y desde los partidos políticos más grandes, incluyendo históricos o nuevos, como el socialdemócrata AD, o el ideológicamente indefinido PJ, sin dejar de lado cuanta ONG (incluso unipersonal) exista en la sopa de letras de la tan anti-partidista como “anti-política” sociedad civil Venezolana… y sumando cuanto tránsfuga saltara (o cayera) desde las alturas de la revolución neo-izquierdista venezolana en el poder. Unidad sobró, y fue alentada desde la unidad de los escasos concesionarios de TV privados de Venezuela… que dan demasiados indicios de temer más la competencia abierta que el comunismo cerrado.
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