Potestad sobre la libertad
El predominio constante del poder ejecutivo lleva sin remisión a la tiraníaMontesquieu. El espíritu de las leyes.
De gobiernos con tendencias al totalitarismo se ha sabido mucho en todos los rincones del mundo. Sin embargo, el caso de Venezuela es único, principalmente por la impunidad con la cual se llevan a cabo los atropellos por parte del todopoderoso tirano hambriento de poder y de adulación que se erige a sí mismo y apoyado en un virtual 60% de la población, pretende llevar a cabo una serie de reformas, con el permiso correspondiente de un poder legislativo lleno de serviles, quienes harán lo posible y lo imposible para mantener una máscara de democracia, se atropella el espíritu mismo de un sistema democrático, que es la autonomía entre los poderes.
Las consecuencias de los anuncios presidenciales, así como el derecho a legislar exprimiendo la autoridad que le es conferida por medio de la Ley Habilitante, han sido, son y serán infinitas. Por lo visto, la intención es ser lo más ambiguo y contradictorio posible, lo cual constituye una buena estrategia para mantener el control absoluto del poder, asemejándose por cierto, a los sacerdotes de la Edad Media quienes poseían la verdad absoluta y (por lo tanto) el control en sus manos, solamente ellos tenían autoridad delegada directamente por Dios para culpar o absolver al resto de la población de todo pecado. Comparación que no dista mucho de la realidad si tomamos en cuenta que el comunismo es una religión, en la cual el máximo líder ha sido escogido por el pueblo y es la voz autorizada por el pueblo mismo para obrar a favor de éste aun cuando la gente no lo entienda, porque el amado líder es como un padre bondadoso, cuyo amor a sus hijos le lleva a cometer imprudencias. En realidad lo único que nos falta es un decreto-ley de ordenación de sacerdotes que guarden y proclamen los preceptos de la “Religión Revolucionaria”.
Lo cierto del caso es que el poder que se confiere a un individuo es enorme, además de ser inevitable a estas alturas, no pasar por las consecuencias de una persona dispuesta a lo que sea con tal de mantenerse en el poder. Durante 18 meses un solo ser tendrá la potestad absoluta sobre todo lo que gravita en Venezuela y alrededor de la vida de los venezolanos, reduciendo cada vez más los límites de la singularidad de los individuos.
Sin embargo, el mayor conflicto al cual nos enfrentamos los venezolanos, es que se fortalezcan mitos políticos, como el culto al elemento armado, que heroizan al hombre en armas, al militar por encima del civil. Pareciera que todavía no hubiésemos superado 1813 con sus discursos de los héroes de la patria en los cuales se les otorgaba preeminencia a los militares “fundadores de la Patria” a quienes la República debía su soberanía y “son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia”.
Sé que he insistido en este tema de mitos políticos y así lo seguiré haciendo, porque hasta que no superemos etapas de nuestra historia política, nos será imposible esbozar soluciones exitosas, continuaremos dando vueltas sobre lo mismo, en una constante ruptura con el presente y procurando justificaciones en un pasado remoto (aspecto fundamental de las revoluciones).
Tenemos entonces, esa heroización del hombre en armas; además una oposición que le hace el juego al gobierno para ver quién es más anti-político cada vez que procuran soluciones en el componente armado mientras se muestran a sí mismos como los impolutos del cuento cuyo interés es liberar a Venezuela de un “Castro-comunismo”. En Venezuela lo que impera es un tirano cuyo asimiento está en el imaginario político nacional de una población que todavía no entiende que lo peor para cualquier nación es la concentración de poder en un individuo y lo aplauden, esperando que vuelva la Edad dorada de Juan Vicente Gómez, cuando había “seguridad, orden y progreso”, la única restricción era “meterse en política” (léase “pensar”).
Por otro lado tenemos al Leviatán (monstruo marino que aparece en la Biblia, aterrador y con mucho poder, pero en este caso hace referencia a una descripción que hace Thomas Hobbes del Estado como un monstruo creado por los hombres para defenderlos de sí mismos y quien entregan su libertad a cambio de la seguridad, basando su poder en el terror), el honorable hombre de armas a quien Venezuela le debe el “fin de 40 años de bipartidismo y podredumbre política”, dispuesto a exprimir sus 18 meses (y el tiempo que le quede antes de que la sumatoria de fuerzas que actúan dentro de él le lleven a una implosión), para consolidar su proyecto totalitario, estatizando empresas cuyo mejor fin será aumentar el gasto público (porque lo más probable es que la calidad de los servicios empeore a partir de las estatizaciones), oportunidad que aprovechará para imponer un discurso de gobierno nacionalista. Ese es el caso, entre otros de RCTV, en el cual se evidencia el propósito de imponer a la gente una forma particular de pensar, anulando el derecho de cada quien de pensar y actuar como le indique su modo de ver el mundo; todos y cada uno de los individuos tiene singularidad, que puede desagradarnos, pero es un ser humano con derecho a pensar y expresarse, nada puede cambiar eso.
El trabajo aquí es, como todo lo que vale la pena, largo y arduo, si nos interesa un sistema demócrata liberal en Venezuela, porque consiste en trabajar en trabajar en los mitos que se han forjado a lo largo del tiempo. Ese mito que haya su máxima expresión en rendirle pleitesía al hombre fuerte y sabio, que nos guíe por el camino correcto, ese que no podemos ver, pero que el dirigente seguramente conoce, es el súper-hombre que está en conocimiento de qué quiere y qué le conviene al pueblo y sabrá llevar a la población al camino correcto (eso plantea Vallenilla Lanz en 1903, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia).
Pero los momentos difíciles tienen su ventaja, nos obligan a pensar y a ser creativos. Mientras siga vigente el artículo 60 de la constitución, los derechos humanos y aun cuando esto acabe, mientras no haya una catástrofe nuclear, nadie podrá legislar sobre mi libertad de pensamiento.


