Lamentablemente: Cacerolean en público pero se bajan los calzones en privado…
No intento burlarme de nadie aún siendo posible que algunos lo tomen por algo similar mal aconsejados por el clima de irracionalidad e intolerancia que priva en Venezuela. Sin embargo a riesgo de ser malinterpretado digo que en estos tiempos no quisiera estar en el pellejo del escuálido o la escuálida promedio. Quiero decir en la piel y mente de los venezolanos cuyo norte en la vida es enfrentar, oponerse, negar, todo lo que haga el gobierno de Hugo Chávez sin detenerse a pensar si eso les beneficia, los afecta negativamente o simplemente ni les va ni les viene.
Sin detenerse a pensar si lo que se critica no es lo mismo que a menudo se ha visto en Venezuela, solo que ahora con mayor grado de patanería y que por tanto más allá de las críticas lo que se debe plantear como norte de las luchas son soluciones para que en el futuro no vuelvan a ocurrir los desmanes criticados.
Los escuálidos no son muchos pero gritan duro y les sobra tiempo para opinar llamando a las radios cuando no a través de mensajes de texto dirigidos a Leopoldo Castillo donde resumen lo que más les molesta.
El tiempo les sobra a los escuálidos a diferencia de quienes se ganan el pan con el sudor de la frente porque el escuálido típico muchas veces es un jubilado del puntofijismo cuando no el ocioso o la ociosa que tarde en la vida encontraron la política como ocupación.
Añadiría que esta característica es afortunada para el país porque sin la ociosidad de los activistas escuálidos muchas lacras del gobierno quedarían encubiertas bajo el manto de la santa cabronería porque como es sabido los partidos políticos no existen como tales y su función ha sido objeto de secuestro por un grupo de empresarios de los medios radioeléctricos por una parte que son quienes alimentan espiritualmente a los escuálidos.
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